La banca comercial y del estado ha actuado “a medias” en el fomento de la microeconomía en esta crisis

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Microcréditos y Bancos en Chile: ¿Falta de audacia o falta de confianza?

En Chile, la banca comercial y del estado ha sido un pilar del crecimiento económico, pero ¿ha hecho lo suficiente para impulsar el desarrollo desde la base? Según el economista Bernardo Javalquinto, director de la Escuela de Ingeniería y Negocios de la Universidad de Aconcagua y miembro del directorio editorial del Grameen Bank (el famoso “Banco de los Pobres” fundado por el Nobel de la Paz, Muhammad Yunus), la respuesta es clara: los bancos podrían ser más audaces y así transformar la microeconomía.

Pero, ¿qué frena este cambio? Javalquinto lo explica sin rodeos: el sistema actual exige garantías que muchos no pueden ofrecer, dejando fuera a emprendedores, pequeños comerciantes y personas con historiales crediticios manchados.


El problema: Garantías que excluyen

Los bancos tradicionales operan bajo una lógica de riesgo mínimo: piden propiedades, avales o altos ingresos para aprobar créditos. Pero, como señala Javalquinto, “todos los problemas tienen solución”, y la propuesta de Yunus lo demuestra:

“La alternativa son las garantías sociales, donde grupos de personas se asocian y se comprometen a respaldarse mutuamente. Si uno no puede pagar, el grupo asume la responsabilidad.”

Este modelo, probado con éxito en países como Bangladesh, India y partes de África, no depende de bienes materiales, sino de capital social. En Chile, podrían implementarse a través de gremios, cámaras de comercio o cooperativas, creando redes de confianza que reduzcan el riesgo para los bancos.


La realidad chilena: Falta acceso y asociatividad

Pese a los avances macroeconómicos del país, la microeconomía sigue estancada. Javalquinto lo atribuye a tres factores clave:

  1. Mala información: Mucha gente desconoce que existen alternativas a los créditos tradicionales.
  2. Exclusión por Dicom: Quienes tienen deudas impagas son automáticamente rechazados, sin opción a reintegrarse al sistema.
  3. Falta de asociatividad: “No se ha creado ese sentido de grupo”, dice Javalquinto. Los emprendedores actúan de manera individual, perdiendo la fuerza colectiva que podría respaldarlos.

¿El resultado? Una economía donde el acceso al financiamiento sigue siendo privilegio de unos pocos, perpetuando la desigualdad.


La solución: Negocios sociales, no caridad

Javalquinto insiste en que los microcréditos no son limosna, sino negocios sociales. Cuando un banco otorga un préstamo a un pequeño empresario, no está regalando dinero, está invirtiendo en desarrollo.

“Mientras no equilibremos la distribución del ingreso, Chile no será un país desarrollado. Y eso requiere un cambio sustentable en el tiempo.”

¿Cómo lograrlo?

  • Bancos más flexibles: Que acepten garantías sociales y evalúen proyectos por su potencial, no solo por historial crediticio.
  • Educación financiera: Enseñar a las comunidades cómo organizarse para acceder a créditos grupales.
  • Políticas públicas: Incentivos para bancos que apoyen microcréditos con tasas justas.

Conclusión: ¿Podemos confiar en la gente?

El modelo de Yunus ha demostrado que la confianza puede ser más valiosa que las garantías materiales. Si Chile quiere cerrar su brecha de desigualdad, la banca debe atreverse a innovar.

Como dice Javalquinto: “No se trata de caridad, sino de crear oportunidades reales.” Y quizás, en ese cambio de mentalidad, esté la clave para un desarrollo más justo y sostenible.



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