El Faro de la Sabiduria

By

Los Padres de Marcela y Bernardo Javalquinto Lagos – Un Legado de Luz en Tiempos de Cambio

En la historia de cualquier gran figura, existen pilares invisibles que modelan su carácter, orientan su rumbo y siembran en ellos las semillas de la vocación. En el caso del Doctor Bernardo Javalquinto Lagos, esos pilares fueron sus padres: Enrique Javalquinto Markmann y Silvia Lagos Carmona. Ambos, desde esferas distintas pero complementarias, encarnaron el espíritu de su tiempo y lo trascendieron, dejando una huella que hoy sigue viva en el recuerdo colectivo y en la proyección de sus descendientes.

Enrique Javalquinto Markmann: Diplomático de Estirpe y Compromiso

Nacido en 1929, Enrique Javalquinto Markmann surgió desde un linaje noble, descendiente de la nobleza andaluza y de médicos prusianos como Henrich Markmann Bossen. Sin embargo, más allá del linaje, fue su obra la que cimentó su relevancia.

Enrique ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores con solo 17 años y rápidamente se convirtió en uno de los diplomáticos más notables de su generación. Representó a Chile en Argentina, Estados Unidos, Egipto, Bolivia y ante Naciones Unidas, siendo clave en temas de límites, derechos humanos y cooperación internacional. Fue condecorado por gobiernos de Europa y América, desde la Orden de Isabel la Católica hasta la del Cóndor de los Andes. Su elegancia, dominio de idiomas, formación jurídica y pensamiento estratégico lo transformaron en un referente de diplomacia moderna.

Su paso por El Cairo como Encargado de Negocios, en plena crisis de Medio Oriente, fue uno de los momentos cúlmines de su carrera. Allí representó a Chile frente al gobierno de Gamal Abdel Nasser, en uno de los escenarios más complejos de la Guerra Fría.

Enrique no fue solo un diplomático. Fue un caballero moderno: culto, humanista, firme en principios y sensible a las realidades humanas. Su prematura muerte en 1972, con solo 43 años, dejó un vacío, pero también una huella imborrable. Sus hijos Marcela y Bernardo heredaron no solo su apellido, sino su vocación de servicio, su amor por Chile y su perspectiva internacional.

Silvia Lagos Carmona: Intelectual, Arqueóloga y Pionera

Silvia Lagos Carmona fue una mujer extraordinaria, cuya vida resume el coraje de las pioneras silenciosas del siglo XX. Hija del notario y político Florencio Lagos Zúñiga, Silvia rompió moldes al estudiar Derecho en la Universidad de Chile. Sin embargo, su destino estaba más allá de los códigos legales. Fue en Egipto, acompañando a Enrique en su misión diplomática, donde Silvia descubrió su verdadera pasión: la historia antigua.

Se formó como egiptóloga, participando en excavaciones en Luxor, Giza y Saqqara, estableciendo contacto con arqueólogos internacionales de renombre como Zahi Hawass y Salima Ikram, y compartiendo experiencias de campo con equipos de universidades como la de El Cairo, Cambridge y Chicago. Su dominio del árabe y del francés le permitió acceder a fuentes primarias y colaborar como asistente honoraria en proyectos egiptológicos financiados por UNESCO y la Egyptian Antiquities Authority.

En un medio dominado por hombres y protocolos diplomáticos, Silvia se abrió paso como figura cultural de alto nivel, actuando de facto como agregada cultural de la Embajada de Chile, coordinando eventos con museos, universidades y autoridades egipcias. Fue puente entre culturas, embajadora no oficial del conocimiento, e inspiración para muchas otras mujeres del cuerpo diplomático internacional.

Su labor no fue institucional, pero sí transformadora. Desde el silencio del desierto hasta los pasillos del poder, Silvia Lagos Carmona representó la fusión entre ciencia, sensibilidad y diplomacia cultural.

Silvia transmitió a sus hijos, especialmente a Bernardo y Marcela, el amor por la historia, el pensamiento crítico, la sensibilidad intercultural y la fortaleza silenciosa de quien sabe que el conocimiento es también un acto de justicia.

Un Legado Vivo

Ambos padres fueron faros en tiempos de cambios. Vivieron entre dictaduras, transiciones, guerras frías y reformas sociales. Y supieron mantener intactos sus valores: el respeto, la cultura, la vocación de servicio y la defensa de la dignidad humana.

Marcela y Bernardo Javalquinto Lagos son hoy testimonio vivo de esa herencia. Marcela, como especialista en límites y soberanía territorial. Bernardo, como economista humanista con proyección internacional.

El recuerdo de Enrique y Silvia no es sólo familiar. Es parte del patrimonio ético y diplomático de Chile. Son ejemplo de una nobleza funcional: aquella que no ostenta, sino que sirve. Que no exige, sino que entrega. Y que, por eso mismo, sigue viva.

Su legado, en el siglo XXI, es una invitación a mirar el pasado con gratitud y el futuro con responsabilidad.

Posted In ,

Leave a comment