Innovar para el futuro o innovar para el presente: una decisión urgente.
Por Bernardo Javalquinto
Abril 30 2025
¿Innovar para el futuro o innovar para el presente? La respuesta más acertada es simple y poderosa: ambos. En un mundo marcado por la incertidumbre climática, las tensiones geopolíticas y una economía digital sin fronteras, pensar únicamente en el mañana sin actuar en el hoy es un error que las sociedades ya no pueden permitirse. La innovación debe ser simultáneamente un acto de presente y una inversión estratégica para el porvenir.
Un presente que exige decisiones apresuradas.
Vivimos en una era hiperconectada y globalizada donde el tiempo para reflexionar ha sido sustituido por la necesidad de actuar. La presión por resolver asuntos urgentes ha opacado, muchas veces, la capacidad de prever consecuencias de largo plazo. Pero es precisamente cuando ignoramos lo esencial —medioambiente, capital humano, bienestar colectivo— que el riesgo se multiplica.
Iniciar un nuevo negocio hoy requiere mucho más que una buena idea. Supone entender profundamente el contexto económico, definir con claridad el nicho de mercado, anticipar la competencia internacional, elegir tecnología adecuada y conformar un equipo con visión adaptativa. En este ecosistema volátil, la flexibilidad y la anticipación son claves: quienes se preparen correctamente y ejecuten con rigor, podrán competir más allá de sus fronteras.
Economía, decisiones y sostenibilidad
Para que un negocio prospere, debe responder tres preguntas fundamentales: ¿es rentable?, ¿es solvente?, ¿es líquido? Estas respuestas están conectadas con variables macroeconómicas como el consumo, la inversión, el desempleo, la inflación, la política fiscal y monetaria, o las tasas de interés. Entender estos conceptos permite tomar decisiones acertadas, desde si conviene endeudarse para crecer, hasta cómo construir una ventaja competitiva sostenible.
Por ejemplo, moderar los costos sin sacrificar calidad, adaptarse a contextos inflacionarios o valorar si usar capital propio o ajeno, se convierte en un ejercicio de inteligencia económica. Y para ello, conocer la macroeconomía no es opcional, es parte del lenguaje que todo líder moderno debe dominar.
Innovar con impacto inmediato.
La innovación no puede ser postergada. Invertir en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) no es solo una apuesta por el futuro; es una necesidad presente. No todas las ideas innovadoras deben ser revolucionarias; basta con que sean aplicables, razonables y mejorables. Incluso una mejora incremental puede generar un impacto significativo si se orienta con visión.
Pero la innovación requiere un entorno fértil. Las organizaciones deben crear espacios donde los fracasos sean aceptados como parte del proceso creativo. Solo así el talento humano podrá experimentar, corregir y avanzar hacia soluciones que eventualmente se traduzcan en valor económico y social.
Conclusión
Innovar para el presente significa actuar hoy con las herramientas que tenemos. Innovar para el futuro significa construir estructuras resilientes que permitan sostener el cambio a largo plazo. Ambas dimensiones no son excluyentes, sino complementarias. En una economía cada vez más impredecible, la verdadera ventaja será de aquellos que logren equilibrar la urgencia de hoy con la visión de mañana.
Innovemos con propósito, sin miedo a fallar, pero con la decisión de transformar. Porque solo así, lo que hoy parece incierto, puede convertirse en la promesa de un futuro verdaderamente brillante.
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