Estrategias internas para estabilizar precios de la gasolina.
Algunos países importadores de petróleo consiguen que la gasolina local no suba tanto ajustando políticas domésticas. Entre las medidas comunes están fijar precios máximos, subsidios o impuestos especiales, controlar los márgenes de las estaciones, mantener reservas estratégicas o negociar compras preferenciales con proveedores. Por ejemplo, Uruguay fija cada mes por decreto un precio máximo de venta al público para las naftas (en marzo 2025 la Súper 95 quedó en $78,54 el litro). De ese modo su gobierno “ajusta” internamente el precio sin depender únicamente de la cotización internacional.
- Regulación estatal de precios: El Estado puede fijar techos o topes para la nafta. En Israel, la ley establece un precio máximo mensual para la gasolina de 95 octanos. Este tope incluye el costo de importación (paridad internacional), un impuesto fijo y un margen de comercialización regulado. Es decir, las petroleras no pueden cobrar por encima de esa cota. De forma similar, Uruguay y otros países deciden precios oficiales cada mes, limitando la volatilidad importada.
- Subsidios e impuestos selectivos: El gobierno puede exonerar impuestos a ciertos combustibles o consumidores. Por ejemplo, en 2021 Corea del Sur rebajó temporalmente el impuesto específico a gasolina y diésel hasta en un 37%, amortiguando los aumentos globales. Otros países aplican impuestos más altos a usos de lujo (coches espaciosos) y dejan exenciones a transportistas o familias vulnerables. Así se compensan costos (“subsidios cruzados”) sin subvencionar directamente todo el combustible.
- Control de márgenes de distribuidores: Algunos Estados limitan la ganancia de las estaciones. Eslovenia, por ejemplo, regula estrictamente el margen minorista: sus estaciones solo pueden cargar unos pocos céntimos de euro por litro. Gracias a este tope (y a un ajuste quincenal ligado al precio mundial), los precios en bombas suben menos que en mercados sin regulación. En Chile y la mayoría de países no hay un límite así, con lo que la volatilidad internacional se traslada más directamente al surtidor.
- Reservas estratégicas: Los países con reservas oficiales de petróleo pueden liberarlas para bajar el precio. EEUU y sus socios de la AIE lo hicieron en 2022: liberaron 240 millones de barriles de sus stockpiles. Según el Tesoro de EE.UU., esta medida redujo el precio de la gasolina local entre 0,17 y 0,42 USD por galón. No es un mecanismo permanente, pero sirve de colchón ante choques de oferta internacionales.
Además, los gobiernos pueden negociar contratos de largo plazo o precios preferenciales con proveedores extranjeros. P. ej., suelen existir convenios de petróleo pagaderos a plazos o intercambios (swaps) que estabilizan el costo base del combustible. En síntesis, las naciones que no producen petróleo buscan compensar la dependencia externa con políticas internas (regulación, subsidios cruzados, reservas, compras planificadas) que modulan el precio final al consumidor.
¿Y por qué en Chile es distinto?
Chile importa casi todo su petróleo y carece de la mayoría de esas herramientas internas. A diferencia de los ejemplos anteriores, aquí los precios de las bencinas dependen casi exclusivamente de la cotización internacional (y el tipo de cambio). El Estado chileno sólo contó con el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO): un ajuste semanal del impuesto específico para limitar alzas puntuales. En la práctica, MEPCO sólo permite un cambio de unos 6,5 pesos por litro máximo por semana (0,12 UTM/m³), y el Ministerio de Hacienda calcula ese componente variable cada siete días según el desfase con un “precio de referencia”.
En 2021, con un alza mundial del crudo, MEPCO actuó casi todo el año con subsidios al impuesto. El investigador Clapes UC Luis González estima que el fisco desembolsó unos US$600 millones en subsidios al sector para contener las subidas. Aun así, los precios domésticos alcanzaron niveles récord (cerca de $1.000 por litro para gasolina 93 octanos en 2021). Según La Tercera, sin MEPCO esas gasolinas habrían sido unos $200 más caras de promedio.
Esta mayor volatilidad local de los combustibles tiene efecto en la inflación: estudios chilenos señalan que en 2021–2022 el aumento de las bencinas explicó entre el 13% y 15% del alza del IPC reciente (a pesar de representar sólo ~3% de la canasta). En contraste, países con regulación o subsidios moderan ese impacto inflacionario. En Chile, la falta de mecanismos directos (ej. topes de precio o márgenes), además de depender del libre juego de precios externos, limita la capacidad para amortiguar saltos internacionales. El resultado es un traslado casi completo de las variaciones del petróleo a los surtidores y, por ende, a la inflación interna.
En resumen: muchas naciones importadoras recurren a medidas internas —fijación estatal de precios, subsidios cruzados, control de márgenes, reservas de emergencia, compras planificadas— para mantener más bajos o estables los precios de la gasolina. Chile, en cambio, ha confiado en gran medida en el mercado internacional y en un único mecanismo (MEPCO), lo que la hace más vulnerable a la volatilidad global. Esa ausencia de herramientas regulatorias adicionales explica por qué aquí las alzas internacionales presionan con fuerza sobre el bolsillo de los consumidores y sobre la inflación doméstica.
Todas las fuentes:
Fuente: Ministry of Energy of Israel – Fuel Maximum Prices (2025) https://www.gov.il/en/departments/gasoline_prices
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