La modernización del Estado: Un desafío pendiente
El presidente lo ha dicho con claridad en sus últimas declaraciones: “Ahora nos vamos a poner al nivel que debemos estar y no permitiremos el trato inhumano”. Desde el año 2000, Chile ha intentado implementar diversas estrategias para modernizar el Estado, con el objetivo de acercarnos al desarrollo de las naciones del primer mundo. Sin embargo, los resultados han sido insuficientes.
Las autoridades suelen destacar avances como la reforma previsional, la ley de transparencia o las mejoras en el gobierno electrónico (como la ventanilla única o las herramientas digitales del SII). También se mencionan los esfuerzos por modernizar la gestión de CODELCO, aunque estos no han logrado maximizar su potencial productivo ni su valor agregado.
Pero una verdadera modernización del Estado no se limita a medidas aisladas o cambios superficiales. Requiere una transformación estructural que mejore la competitividad, la eficiencia y, sobre todo, que ponga al ciudadano en el centro. Para lograrlo, es urgente enfocarse en tres áreas clave: el mercado laboral, la productividad y competitividad interna, y el sistema educacional.
1. Mercado laboral: Flexibilidad con protección
Uno de los mayores frenos a nuestra competitividad es la rigidez del mercado laboral. Se necesitan reformas que permitan mayor flexibilidad, facilitando el ingreso de los jóvenes al trabajo y reduciendo las barreras de salida, como los altos costos de indemnización.
Pero la flexibilidad no puede ser sinónimo de precarización. Debe ir acompañada de un sistema de protección robusto: un seguro de desempleo efectivo, fiscalización real de los derechos laborales y una negociación colectiva que equilibre el poder entre empleadores y trabajadores.
2. Productividad y competitividad: Más que crecimiento económico
Chile vivió un boom económico en los 90, pero en los últimos años el crecimiento se ha estancado. Aunque hemos avanzado en apertura comercial y estabilidad macroeconómica, persisten ineficiencias en sectores clave, como las telecomunicaciones y la banca, donde los beneficios no siempre llegan al ciudadano común.
Un Estado moderno debe garantizar que el libre mercado funcione en favor de las personas, no solo de las empresas. Esto implica:
- Fiscalización efectiva para evitar abusos en sectores oligopólicos.
- Reducción de subsidios estatales ineficientes que distorsionan la competencia.
- Incentivos a la innovación y el emprendimiento, especialmente en pymes.
3. Educación: Calidad sobre cantidad.
El debate educativo suele centrarse en más recursos o reformas curriculares, pero el verdadero cambio debe estar en la calidad de la enseñanza. Singapur, líder en educación a nivel mundial, gasta menos que la mayoría de los países de la OCDE y obtiene mejores resultados. ¿Cómo lo logra?
- Atrayendo y reteniendo a los mejores profesores, con salarios competitivos y sistemas de certificación rigurosos.
- Reduciendo el número de alumnos por aula y potenciando el uso de tecnología.
- Focalizando el gasto en lo que realmente mejora el aprendizaje, no en burocracia.
Conclusión: Modernizar es transformar.
Un Estado moderno no se construye solo con firma electrónica o trámites en línea. Requiere cambios profundos en cómo funciona el mercado laboral, cómo se fomenta la productividad y cómo se educa a las futuras generaciones.
El desafío no es tecnológico, sino cultural y político. Necesitamos un Estado que deje de actuar como un ente burocrático y se convierta en un facilitador del desarrollo, con instituciones ágiles, políticas públicas de largo plazo y, sobre todo, con la voluntad de priorizar el bien común sobre intereses particulares.
¿Estamos listos para asumir este desafío? La respuesta, como dijo el presidente, debe ser un “ahora sí” rotundo.
¿Usted cree que las autoridades están en lo correcto?
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