
¿Cómo afecta la desaceleración global y el alza arancelaria a las importaciones y exportaciones de Chile?
La reciente advertencia de Elena Duggar, Directora Gerente del Comité Macroeconómico de Moody’s, sobre una economía global que crecerá por debajo de su potencial en 2025 y 2026 no es solo un diagnóstico técnico: es una señal de alerta para economías abiertas y dependientes del comercio internacional como la de Chile. En particular, las proyecciones de menor crecimiento en Estados Unidos, China y la eurozona —combinadas con el resurgimiento de políticas proteccionistas y aranceles masivos en EE.UU.— tienen efectos directos y asimétricos sobre las exportaciones e importaciones chilenas. Este ensayo explora cómo estos factores están reconfigurando el flujo comercial del país.
Impacto en las exportaciones: menor demanda y precios volátiles
Chile es un exportador neto de materias primas, con el cobre como su principal producto de exportación (cerca del 50 % del total). La desaceleración económica global reduce la demanda industrial, especialmente en sectores intensivos en metales como la construcción, la infraestructura y la fabricación de vehículos eléctricos. China, que absorbe alrededor del 40 % de las exportaciones chilenas de cobre, está experimentando un crecimiento más lento (4,7 % en 2025 y 4 % en 2026, según Moody’s), afectado tanto por sus propios desequilibrios internos como por las tensiones comerciales con EE.UU.
Además, los aranceles de Estados Unidos —aunque no afectan directamente al cobre de Chile— tienen un efecto en cadena: al aumentar los costos de insumos y componentes a nivel mundial, disminuyen la producción en EE.UU. y en sus países aliados, lo que a su vez reduce la demanda de materias primas. Esto se traduce en menores volúmenes exportados y presiones a la baja sobre los precios del cobre, afectando directamente los ingresos fiscales y la balanza comercial chilena.
Otros productos exportables, como el litio, el vino, los frutos del mar y los productos forestales, también sufren. Aunque el litio tiene potencial en la transición energética, su demanda depende de la inversión global en baterías y vehículos eléctricos —sectores sensibles a la incertidumbre arancelaria y al costo del capital. Si las empresas postergan inversiones por temor a cambios regulatorios, incluso los “metales del futuro” pueden verse afectados.
Impacto en las importaciones: encarecimiento y reconfiguración de cadenas
Por el lado de las importaciones, Chile enfrenta un doble efecto. En primer lugar, el encarecimiento de bienes importados debido a los aranceles impuestos por EE.UU. a productos chinos, europeos y asiáticos. Aunque Chile no paga esos aranceles directamente, muchos de los bienes que importa—maquinaria, componentes electrónicos, vehículos, insumos industriales—contienen partes fabricadas en países afectados. Esto eleva los costos de producción para empresas chilenas, especialmente en sectores como minería, agricultura, y manufactura.
En segundo lugar, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro obliga a Chile a buscar nuevos proveedores. Por ejemplo, si una empresa chilena solía importar sensores desde China para su operación minera, pero ahora esos sensores enfrentan aranceles del 25 % al entrar a EE.UU. (y su fabricante los redirige o sube precios), la empresa chilena debe buscar alternativas en Europa o Corea del Sur, lo que puede implicar mayores costos logísticos, plazos más largos o menor calidad.
Además, el fortalecimiento del dólar —producto de tasas altas en EE.UU. y refugio de valor en tiempos de incertidumbre— encarece aún más las importaciones denominadas en dólares, que representan la mayoría relevante del total. Esto afecta tanto a empresas como a hogares, ya que bienes de consumo duraderos (electrodomésticos, automóviles, tecnología) se vuelven más caros, reduciendo el poder adquisitivo y la demanda interna.
El rol de los acuerdos comerciales: un colchón parcial
Chile no está indefenso. Su red de más de 30 acuerdos de libre comercio, incluidos con EE.UU., la Unión Europea, China, Canadá y los países del CPTPP, le otorga cierta resiliencia frente al proteccionismo. Estos tratados permiten acceder a mercados clave con aranceles cero o reducidos, lo que mitiga parcialmente el impacto de las políticas unilaterales de Washington.
Sin embargo, estos acuerdos no protegen contra la caída de la demanda global. Un tratado comercial no sirve si el socio ya no compra. Por eso, la verdadera defensa de Chile no está solo en los acuerdos, sino en su capacidad para diversificar sus exportaciones (más allá del cobre), agregar valor a sus productos, y atraer inversión en sectores estratégicos como energías limpias, hidrógeno verde, y tecnología minera.
Conclusión
La advertencia de Elena Duggar no es abstracta: tiene consecuencias tangibles en los puertos, aduanas, y fábricas de Chile. Las exportaciones se ven afectadas por menor demanda externa y volatilidad en los precios de los commodities, mientras que las importaciones enfrentan mayores costos debido a aranceles indirectos, reconfiguración de cadenas de suministro y apreciación del dólar.
En este nuevo entorno de “fragmentación comercial”, Chile debe aprovechar su apertura histórica no solo para vender materias primas, sino para posicionarse como un socio confiable en cadenas de valor resilientes y sostenibles. La política comercial ya no basta: se requiere una estrategia industrial activa, estabilidad regulatoria y una apuesta decidida por la innovación. Solo así podrá convertir los vientos en contra en oportunidades de transformación.
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