
Los Premios Nobel y la Cultura del Crecimiento: Una Mirada al Premio de Economía
Por el profesor @Shlomo Maital
Cada año, en esta época, intento explicar a los lectores, en un lenguaje sencillo, por qué se otorgan los Premios Nobel en ciencia y economía. Este año, el Premio Nobel en Economía fue concedido a tres destacados economistas: Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Sus contribuciones nos ayudan a comprender mejor cómo nace, se sostiene y se transforma el crecimiento económico a lo largo del tiempo.
Joel (Yoel) Mokyr, nacido en Leiden, Países Bajos, en 1946, es hijo de sobrevivientes judíos del Holocausto. Junto con su madre, emigró a Israel, donde obtuvo su licenciatura en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Posteriormente, realizó su doctorado en la Universidad Northwestern en Estados Unidos, institución en la que desarrolló toda su carrera académica.
En su notable libro de 2016, The Culture of Growth (La cultura del crecimiento), Mokyr argumenta que el motor fundamental del progreso económico no reside únicamente en la ciencia, la tecnología, la infraestructura o la inversión en investigación y desarrollo, sino en algo más profundo: la cultura. Según Mokyr, una sociedad debe estar abierta a las nuevas ideas y dispuesta a aceptar el cambio. Esta apertura cultural es lo que permite que florezca la innovación. Países como Israel, Taiwán, Corea del Sur y Singapur, cada uno a su manera, han construido culturas progresistas, emprendedoras e innovadoras que han impulsado su desarrollo económico espectacular en pocas décadas.
Por su parte, Philippe Aghion y Peter Howitt, en un influyente trabajo publicado en 1992, desarrollaron un modelo matemático que describe el proceso de “destrucción creativa”, un concepto originalmente introducido por el economista Joseph Schumpeter. Su modelo muestra cómo, cuando nuevos productos o tecnologías innovadoras entran al mercado, los productos antiguos pierden relevancia y desaparecen. Este proceso no solo es inevitable, sino esencial para el avance económico. Las sociedades y las empresas deben estar dispuestas a dejar atrás lo obsoleto para liberar recursos —tanto materiales como mentales— que puedan destinarse a lo nuevo y prometedor.
La lección de Aghion y Howitt trasciende el ámbito empresarial: también se aplica a nuestras vidas personales. Aferrarse a ideas, hábitos o estructuras anticuadas puede impedirnos crecer. La verdadera innovación requiere valentía para soltar lo viejo y abrazar lo nuevo.
En conjunto, el trabajo de Mokyr, Aghion y Howitt nos recuerda que el crecimiento económico no es solo una cuestión de números o políticas, sino de mentalidad, cultura y disposición al cambio. Y en un mundo en constante transformación, estas ideas son más relevantes que nunca.
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