
La Distinción Fundamental: Modelo Económico Nacional vs. Modelo de Negocios Nacional – El Caso de Chile
En el análisis de la competitividad y el desarrollo de las naciones, con frecuencia se confunden dos conceptos aparentemente similares pero esencialmente distintos: el modelo económico de un país y el modelo de negocios de un país. Mientras que el primero actúa como el “sistema operativo” macroeconómico que define las reglas del juego, el segundo representa la “estrategia competitiva” que el país adopta para posicionarse en el escenario global. Comprender esta diferencia no es un mero ejercicio académico, sino una necesidad para diseñar políticas públicas coherentes y fomentar un crecimiento sostenible. El caso de Chile ofrece un ejemplo paradigmático para ilustrar esta distinción y sus consecuencias.
El Modelo Económico: La Arquitectura Fundamental
El modelo económico de un país es el marco estructural y legal que organiza su producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Es la base institucional que responde a preguntas fundamentales: ¿Qué se produce? ¿Cómo se produce? ¿Para quién se produce? Este modelo se define por elecciones de alto nivel que dan forma a toda la economía.
Chile desarrolló, a partir de los años 80, un modelo económico basado en:
- Apertura comercial unilateral y agresiva, reduciendo aranceles significativamente y firmando una red extensa de Tratados de Libre Comercio.
- Fortalecimiento de la propiedad privada y desregulación de mercados, con un Estado subsidiario en áreas clave.
- Disciplina fiscal y autonomía del Banco Central, priorizando la estabilidad macroeconómica, el control inflacionario y el endeudamiento prudente.
- Sistema de pensiones basado en capitalización individual (AFP) y una significativa privatización de servicios como la salud y la educación superior.
Este modelo, heredado de la dictadura pero mantenido y profundizado por los gobiernos democráticos, se convirtió en el “sistema operativo” de Chile. Generó tres décadas de crecimiento estable, reducción de la pobreza y credibilidad internacional, siendo conocido como el “jaguar de América Latina”. Este es el “qué somos” estructural de Chile: una economía de mercado abierta, estable y con un Estado relativamente pequeño.
El Modelo de Negocios del País: La Estrategia Competitiva
Si el modelo económico es la arquitectura, el modelo de negocios es la estrategia. Es la respuesta a la pregunta: “¿Cómo creamos valor y nos hacemos competitivos en la economía global?”
El modelo de negocios de Chile, particularmente entre 1990 y 2015, puede definirse como el de un “Exportador de Recursos Naturales con Credibilidad Institucional”. Sus pilares fueron:
- Ventaja Competitiva Primaria: La explotación y exportación de recursos naturales no renovables. El cobre es el eje central, representando de manera crónica alrededor del 50% de las exportaciones, seguido por otros commodities como el litio, la celulosa, la fruta y el salmón.
- Marca País: Se construyó la imagen de “Chile, país confiable y serio”. La estabilidad política y macroeconómica, sumada a la solidez de sus instituciones, lo posicionó como la puerta de entrada a Sudamérica para la inversión extranjera.
- Atracción de Capitales: Se fomentó activamente la Inversión Extranjera Directa (IED) en los sectores minero, energético e infraestructura, ofreciendo seguridad jurídica y un marco estable.
- Especialización en Commodities: Si bien se desarrollaron clusters exitosos como el salmón o la fruta, la estrategia se mantuvo fundamentalmente ligada a la exportación de materias primas con distintos grados de procesamiento.
La Interdependencia Crítica y la Coherencia: La Crisis del Modelo Chileno
La relación entre ambos conceptos es de interdependencia crítica. En Chile, durante el “boom de los commodities”, existió una coherencia aparente: el modelo económico de apertura y estabilidad facilitó el éxito del modelo de negocios basado en la exportación de recursos. La credibilidad atrajo inversiones que explotaron los recursos, generando un círculo virtuoso de crecimiento.
Sin embargo, la incoherencia surgió en dos niveles fundamentales:
- Falta de Diversificación: El modelo económico era lo suficientemente abierto y estable como para permitir una diversificación productiva, pero el modelo de negocios se estancó en la comodidad de los recursos naturales. No hubo una transición estratégica hacia un modelo de negocios basado en el conocimiento, la innovación o manufacturas de mayor valor agregado. La “maldición de los recursos” se manifestó no en estancamiento, sino en una excesiva dependencia de un solo sector volátil.
- Contrato Social Deficiente: El modelo económico, si bien generó crecimiento, mostró graves deficiencias en el “modelo de negocios interno”. La privatización de servicios sociales esenciales (pensiones, salud, educación) generó altos niveles de desigualdad, endeudamiento familiar y precariedad. El éxito macroeconómico no se tradujo en bienestar microeconómico para una gran parte de la población. Esta grieta entre el modelo económico y las expectativas sociales estalló en el estallido social de 2019 y se reflejó en el proceso constitucional, donde se buscó, precisamente, modificar el “modelo económico” para hacerlo más inclusivo.
Conclusión: La Encrucijada Chilena
Chile se encuentra hoy en una encrucijada crítica. Su modelo económico original (apertura, estabilidad) está siendo cuestionado y reformado para incorporar un mayor rol del Estado y protección social. Su modelo de negocios (exportador de commodities) ha mostrado sus límites, siendo vulnerable a los precios internacionales y ambientalmente insostenible a largo plazo.
El desafío para Chile es, por tanto, doble:
- Reformular su modelo económico para mantener sus virtudes de estabilidad y apertura, pero integrándolas con una arquitectura que garantice mayor equidad, sostenibilidad ambiental y servicios públicos de calidad.
- Diseñar un nuevo modelo de negocios nacional que transite desde la dependencia de los recursos naturales hacia una economía del conocimiento, con clusters de innovación en energías renovables, litio con valor agregado, servicios financieros, foodtech y turismo de experiencias.
La prosperidad futura de Chile no dependerá de abandonar un modelo por otro, sino de lograr una nueva sinergia virtuosa. Necesita construir un modelo económico del siglo XXI que sirva de base sólida para un modelo de negocios también del siglo XXI, uno que sea diversificado, sostenible e inclusivo. La lección chilena es clara: sin coherencia entre la arquitectura interna (modelo económico) y la estrategia global (modelo de negocios), el éxito inicial puede dar paso a una profunda crisis de legitimidad y desarrollo.
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