Un Foro en la Tormenta Perfecta

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El Foro Económico Mundial

Davos 2026 y Chile en la Encrucijada del Orden Global
Por Bernardo Javalquinto, Lic. en Economía, MBA (MIT), Ph.D. (University of Southern California)

Introducción: Un Foro en la Tormenta Perfecta

El Foro Económico Mundial (FEM) de Davos 2026 se erige, según la crónica de Stewart y Sabbagh, no como una celebración del “espíritu de diálogo” que profesa, sino como la potencial última clínica de urgencias de un orden mundial liberal basado en reglas, agonizante. La delegación estadounidense, encabezada por un Donald Trump reelegido y agresivo, personifica la fuerza centrífuga principal que desafía los pilares de la postguerra: multilateralismo, libre comercio irrestricto y seguridad colectiva. Para una economía abierta, dependiente de commodities y anclada en alianzas occidentales como Chile, este escenario no es un espectáculo distante; es un mapa de riesgos sistémicos y una llamada a una redefinición estratégica urgente.

I. Diagnóstico Económico-Político: La Desglobalización Asimétrica y el Fin de la Predictibilidad

El núcleo de la crisis descrita es la transición de una globalización cooperativa a una “confrontación geoeconómica”. Esto se manifiesta en:

  1. Guerra Comercial Permanente: Las amenazas arancelarias de Trump contra aliados (UE, UK) y rivales (China) ya no son tácticas negociadoras, sino política de estado. Para Chile, cuyo modelo se basa en TLCs y cadenas de suministro globales estables, esto implica volatilidad en precios, disrupciones logísticas y la erosión del valor de sus acuerdos preferenciales. Un arancel estadounidense generalizado podría afectar directamente exportaciones de cobre, frutas y vino, mientras que las tensiones entre China y EE.UU. fuerzan una delicada triangulación.
  2. Seguritización de la Economía: El gasto militar global en alza (9.4% anual) y el uso de sanciones económicas como arma (Venezuela, Irán) indican que la lógica de la seguridad nacional prima sobre la eficiencia económica. Chile, históricamente ajeno a conflictos geopolíticos mayores, debe ahora evaluar riesgos de inversión y cooperación tecnológica (ej. litio, hidrógeno verde) bajo este nuevo prisma. La “ley del más fuerte”, citada por Winnie Byanyima, reemplaza a las reglas predecibles.
  3. Fragmentación Institucional: La contraofensiva descrita (banqueros centrales, UE, OTAN) no logra ocultar la parálisis de la OMC y la profundización de bloques. El llamado de Guterres sobre el pisoteo del derecho internacional resuena en Chile, cuya política exterior se ha construido sobre ese pilar. La erosión de este orden debilita herramientas diplomáticas claves para un país mediano.

II. Implicancias para Chile: Vulnerabilidades y Oportunidades en un Mundo Bipolarizado

Chile enfrenta un panorama de triple exposición:

  • Exposición Comercial: Dependencia de China (principal socio comercial) y de EE.UU. (inversiones, estándares). Un conflicto abierto los obligaría a una costosa elección. Incluso sin conflicto, la desaceleración global resultante deprimiría la demanda y el precio del cobre, principal sostén fiscal.
  • Exposición a Flujos de Capital: La incertidumbre global puede generar fuga hacia “activos refugio” o hacia EE.UU., afectando el tipo de cambio y el costo de financiamiento externo para empresas y el gobierno. La estabilidad macroeconómica chilena, su mayor activo, sería puesta a prueba.
  • Exposición a Bienes Públicos Globales Degradados: La cooperación en cambio climático, pandemias y regulación de IA (mencionada en el artículo) se debilita. Chile, altamente vulnerable al cambio climático y dependiente de tecnología foránea, pierde plataformas de acción colectiva. El panel científico de la ONU sobre IA es un intento loable, pero su efectividad frente a intereses corporativos (Nvidia, Microsoft en Davos) y nacionales es incierta.

Sin embargo, en esta crisis yacen oportunidades para una diplomacia económica ágil:

  • Posicionamiento como “Hub” de Energía Verde y Minerales Críticos: La guerra geoeconómica y la transición energética incrementan el valor geoestratégico del litio, cobre verde e hidrógeno. Chile debe negociar desde esta posición de fuerza, pero evitando caer en un neo-extractivismo. La clave es capturar mayor valor agregado y transferencia tecnológica en sus acuerdos.
  • Fortalecimiento de Alianzas “Meso-Potencias”: Ante el duopolío conflictivo, Chile debe profundizar lazos con países como Canadá, Corea del Sur, Australia, México y Brasil, para diversificar riesgos, crear cadenas de suministro resilientes y formar bloques de presión en foros multilaterales.
  • Liderazgo en Gobernanza Regional y Sostenible: Puede usar su estabilidad institucional para promover marcos normativos en Latinoamérica sobre comercio digital, impuestos a multinacionales y estándares ambientales, atrayendo inversión responsable que huye de la pura volatilidad.

III. Davos 2026: ¿Simbolo de lo Obsoleto o Última Tribuna?

El artículo sugiere que Davos es una “reliquia”, como afirma Danny Sriskandarajah. Su modelo de élites dialogando (a 27,000 francos por cabeza) mientras el mundo se fractura parece anacrónico. La ausencia de Schwab simboliza el fin de una era. Sin embargo, sigue siendo el nodo de red global más denso. Para Chile, su valor ya no está en “dar forma al año diplomático” (como en el lanzamiento de GAVI en 2000), sino en:

  1. Inteligencia de Mercado en Tiempo Real: Entender en los pasillos y après-ski las intenciones reales de CEOs y secretarios de estado sobre inversiones, aranceles y cadenas de suministro.
  2. Diplomacia de Salvaguarda: Reuniones bilaterales de alto nivel con la delegación estadounidense y europea para defender los TLCs, buscar exenciones arancelarias y asegurar apoyo en organismos financieros internacionales.
  3. Posicionamiento Estratégico: Presentar a Chile no como un mero exportador de commodities, sino como un socio estable para la transición energética y un laboratorio de políticas públicas innovadoras en un mundo inestable.

Conclusión: Más Allá del “Espíritu de Diálogo”, la Hora de la Estrategia Pragmática

Davos 2026 no salvará el viejo orden. Lo que Stewart y Sabbagh describen es su certificación de defunción. Para Chile, la lección es clara: la era de navegar pasivamente en las corrientes de la globalización benigna ha terminado.

El país debe adoptar una postura de realismo económico sofisticado. Esto implica:

  • Diversificación Acelerada: De mercados, socios comerciales y fuentes de inversión.
  • Resiliencia Interna: Fortalecer las finanzas públicas, impulsar la productividad y la innovación para amortiguar shocks externos.
  • Diplomacia de Intereses Claros: Abandonar cualquier romanticismo multilateral. Cada negociación, desde el litio hasta un TLC modernizado, debe evaluarse bajo el nuevo paradigma de competencia estratégica y seguridad económica.
  • Inversión en Soft Power: Su democracia y manejo económico siguen siendo activos en un mundo donde la autocracia gana terreno. Debe proyectarlos inteligentemente.

El foro de Davos, en su creciente irrelevancia como espacio de gobernanza, se convierte en el espejo más claro de las nuevas reglas del juego: un mundo más pobre, más volátil y más peligroso. La pregunta para Chile no es si el viejo orden se salva, sino si tiene la agilidad intelectual y política—forjada en dos décadas de integración global—para sobrevivir y prosperar en el nuevo desorden que nace entre los Alpes suizos. La oportunidad no está en aferrarse al pasado, sino en definir con pragmatismo y audacia un lugar en el futuro.

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