
CARTA ABIERTA A NICOLÁS PARRA TAPIA, JAIME SILVA Y TOMÁS NIBALDO MOSCIATTI (RADIO BÍO BÍO)
DE: BERNARDO FLORENCIO JAVALQUINTO LAGOS
FECHA: 21 DE FEBRERO DE 2026
Señores Periodistas y Editores:
Han pasado más de cinco años desde que publicaron, el 31 de diciembre de 2020, el artículo titulado “La conexión extranjera: el historial de acusaciones contra el ex CEO de LAW que postula a La Moneda”, firmado por usted, Nicolás Parra Tapia, y editado por usted, Jaime Silva, bajo la dirección editorial de Tomás Mosciatti.
Durante todo este tiempo, he guardado silencio público, confiando en que la ética periodística y la simple verdad de los hechos llevarían a una corrección voluntaria. No ha sido así. Ustedes han preferido mantener en línea un texto plagado de imputaciones falsas, desactualizadas y construidas sobre una investigación que, en su momento, ya era deficiente y que hoy, a la luz de resoluciones judiciales firmes, resulta sencillamente insostenible.
No vengo a amenazar con acciones judiciales —aunque el derecho me asiste—, sino a apelar al criterio de todos los periodistas y lectores honestos que saben que lo publicado no se ajusta a la verdad. El daño causado a mi honra, a mi familia y a mi trayectoria profesional es inmenso, y ha sido perpetuado por la negligencia de quienes, teniendo la oportunidad de rectificar, han preferido el sensacionalismo a la verdad.
Permítanme recordarles, punto por punto, lo que ustedes publicaron y lo que realmente ocurrió.
1. El caso del BMW X5: la prueba reina de su error
Ustedes me acusaron de apropiarme de un vehículo BMW, relatando una supuesta prueba de manejo que nunca devolví, alimentando la imagen de un individuo deshonesto.
Lo que ustedes omitieron decir (y que hoy es un hecho judicial inapelable) es que el 14 de junio de 2023, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Talagante decretó mi SOBRESEIMIENTO DEFINITIVO en esa causa. El acta judicial es clara: se trató de una “interpretación equívoca de los términos que justificaron la tenencia del vehículo”. El vehículo fue devuelto. No hubo delito. No hubo apropiación.
A pesar de que ustedes añadieron una pequeña línea al final del artículo años después, el cuerpo de la nota, el título y el tono acusatorio siguen intactos. Un lector que llega hoy a esa página sale con la impresión de que soy un apropiador de autos. Eso es mentira, y ustedes lo saben.
2. La Fundación María Mohor Zummers: querellas que nunca prosperaron
Ustedes afirmaron que me apoderé de la sede de la fundación, que cambié las chapas y que me quedé con casi 5 millones de pesos. Insinuaron que las querellas seguían vigentes y que la fundación insistía en mi responsabilidad.
La verdad: todas esas causas están terminadas hace años sin ninguna condena ni responsabilidad para mí. No hay un solo fallo que me declare culpable de apropiación, usurpación o malversación. Si ustedes hubieran investigado mínimamente —más allá de copiar denuncias— habrían descubierto que la propia justicia desestimó los cargos.
Pero no lo hicieron. Y hoy, con la información actualizada a un clic de distancia, mantienen la versión de los demandantes como si fuera la verdad oficial. Eso no es periodismo, es propaganda.
3. Aerolínea LAW: denuncias que nunca fueron formalizadas
Ustedes escribieron que existían al menos cuatro denuncias en mi contra por apropiación indebida y estafa, y que la Fiscalía de Alta Complejidad Oriente investigaba.
Han pasado más de cinco años. Nunca fui formalizado por esos delitos. La quiebra de una empresa no convierte automáticamente a sus gestores en delincuentes. Pero ustedes presentaron las denuncias como si fueran pruebas de culpabilidad, sin esperar el resultado de la investigación. El resultado llegó: no hay cargos. ¿Dónde está la rectificación?
4. La deuda con Sustenta Comunicaciones: una disputa comercial convertida en delito
Una agencia me acusó de deber casi 10 millones de pesos. Ustedes dieron por cierta su versión, añadiendo testimonios de “fuentes cercanas” que ratificaban las irregularidades.
Lo que no dijeron es que se trataba de una discrepancia contractual: yo sostuve que la agencia no cumplió lo pactado y facturó de más. Esa es una disputa civil, no un ilícito penal. Pero ustedes la presentaron como otra pieza del “historial de acusaciones” que pretendía construir un perfil de deshonestidad. El sensacionalismo pesó más que la precisión.
5. El viaje de Muhammad Yunus: una mentira que nunca existió
Ustedes reprodujeron la versión de los demandantes de la fundación, que calificaban como “otra mentira” mi anuncio de una travesía a la Antártica con el Premio Nobel Muhammad Yunus.
La verdad es que la visita de Yunus estaba autorizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Lo que no se concretó fue el viaje a la Antártida, por decisiones logísticas de la Fuerza Aérea. Pero ustedes insinuaron que yo inventé toda la relación con Yunus para aparentar. Mi vínculo con él es real, público y está documentado. Pero eso no les interesó.
¿Por qué escribo esta carta?
No busco una batalla judicial, aunque la ley me ampara. Escribo porque apelo a algo que ustedes, como periodistas, deberían valorar por encima de todo: la verdad y la ética.
Ustedes, señores Parra, Silva y Mosciatti, tuvieron la oportunidad de corregir en enero de 2021, cuando presenté mi carta aclaratoria. En lugar de eso, redoblaron la apuesta con una nota de redacción que pretendía validar su versión. Tuvieron otra oportunidad en junio de 2023, cuando la justicia me sobreseyó definitivamente en el caso BMW. En lugar de retirar el artículo o modificarlo de fondo, añadieron una línea al final, como quien esconde la basura bajo la alfombra.
Hoy, en febrero de 2026, el artículo sigue ahí, indexado en Google, envenenando mi nombre cada vez que alguien busca información sobre mí. Mis hijos, mis colegas, mis alumnos, mis amigos —y también mis detractores— encuentran esa página y creen que es la verdad.
Ustedes han construido un relato falso que se ha perpetuado durante años. Y lo han hecho con total impunidad, amparados en la libertad de prensa, pero olvidando que esa libertad lleva aparejada una responsabilidad: la de informar con verdad, con rigor y con humanidad.
Llamado a la conciencia
Se lo pido como persona, no como litigante: revisen el artículo, contrasten con los hechos actuales y actúen en conciencia. No se trata de un favor, sino de un deber ético. Si realmente valoran el periodismo, si realmente creen en la verdad, corrijan el error.
El criterio de los lectores y de los periodistas honestos que me conocen —y que saben que lo publicado es falso— debería pesar más que el orgullo corporativo o el miedo a reconocer una equivocación. Reconocer un error no los debilita; los fortalece. Persistir en la mentira los degrada.
Si en enero de 2021, cuando todo estaba fresco, hubieran tenido la grandeza de rectificar, hoy no estaríamos aquí. Pero aún están a tiempo. El daño ya está hecho, pero puede dejar de perpetuarse.
Espero que esta carta encuentre eco en su conciencia profesional. La historia los juzgará no solo por lo que publicaron, sino por lo que decidieron mantener a pesar de la verdad.
Atentamente,
Bernardo Florencio Javalquinto Lagos
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