La única reactivación posible para el país: Microeconomía e inversión regional
La reactivación económica de un país no puede basarse únicamente en grandes cifras macroeconómicas o en el crecimiento de sectores privilegiados. Como bien señala el economista Bernardo Javalquinto, la verdadera fuerza motriz de una economía sostenible y equitativa reside en la microeconomía, específicamente en el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) y en la inversión regional. En un contexto donde Chile ha mantenido estabilidad macroeconómica pero arrastra desigualdades territoriales y productivas, la única reactivación posible debe centrarse en políticas que impulsen el desarrollo local, la generación de empleo y la diversificación de las economías regionales.
La paradoja chilena: Macro estabilidad, micro fragilidad
Chile había sido destacado internacionalmente por su manejo macroeconómico responsable antes de la pandemia: inflación controlada, deuda pública manejable y políticas fiscales prudentes. Sin embargo, en los últimos años —bajo distintas administraciones, incluyendo la de Sebastián Piñera— esa estabilidad se ha debilitado y, lo más grave, no se ha traducido en un desarrollo equitativo. Como indica Javalquinto, el 80% del empleo depende de las Pymes, pero estas enfrentan dificultades crónicas para acceder a financiamiento, tecnología y mercados. Mientras las grandes empresas concentran capital y oportunidades, vastas zonas del país —incluyendo tanto Santiago como regiones— quedan rezagadas, con infraestructura deficiente y escasa inversión pública o privada.
Reactivar desde lo local: Infraestructura y empleo
Uno de los puntos clave que plantea el economista Javalquinto es la inversión en infraestructura regional como motor de empleo y desarrollo. Históricamente, las regiones fuera de los polos urbanos principales (Santiago, Valparaíso, Concepción) han sufrido abandono en obras públicas, conectividad y servicios básicos. Una política de reactivación efectiva debería priorizar:
- Obras públicas descentralizadas: Carreteras, sistemas de riego, hospitales y escuelas que dinamicen las economías locales.
- Apoyo a emprendimientos regionales: Créditos blandos, capacitación tecnológica y acceso a mercados para Pymes agrícolas, turísticas y manufactureras.
- Incentivos fiscales territoriales: Atraer inversión privada a regiones mediante beneficios tributarios para empresas que generen empleo estable.
La continuidad: ¿Oportunidad o estancamiento?
Javalquinto acierta al relativizar el impacto de los cambios de gobierno: aunque la economía chilena ha tenido períodos de crecimiento, el desafío permanente ha sido democratizar ese crecimiento. Las elecciones presidenciales siempre generan expectativas de alternancia, pero los modelos centrados en grandes conglomerados no han resuelto las brechas microeconómicas. Hoy, la lección es clara: sin una estrategia descentralizadora y con foco en las Pymes, el crecimiento seguirá siendo desigual y excluyente.
Conclusión: La microeconomía como eje de la reactivación
La única reactivación posible para Chile es aquella que conjugue estabilidad macroeconómica con políticas microeconómicas audaces. Esto implica:
- Financiamiento accesible para Pymes, con tasas preferenciales y plazos flexibles.
- Planificación regional integrada, superando la lógica de obras puntuales sin visión de largo plazo.
- Innovación productiva en sectores no tradicionales, como energías renovables y tecnología aplicada a la agricultura.
Como advirtió Javalquinto, el país no puede depender solo de la macroeconomía. La verdadera reactivación debe surgir desde abajo, donde se crea el empleo y se construye la riqueza diaria de las comunidades. Solo así se evitará que el crecimiento sea un espejismo que oculte desigualdades profundas.
Referencia: Adaptado de entrevista a Bernardo Javalquinto, 21/01/2022. Enfoque analítico aplicado a desafíos económicos actuales.
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