
El mejor mandatario del retorno a la democracia: Ricardo Lagos y el camino no seguido hacia el desarrollo de Chile
Desde el retorno a la democracia en 1990, Chile ha tenido varios presidentes que marcaron su historia. Sin embargo, un análisis objetivo de los logros económicos, sociales e institucionales posiciona a Ricardo Lagos Escobar (2000-2006) como el mejor mandatario de este período. Su gobierno combinó crecimiento económico sostenido, reducción significativa de la pobreza, modernización institucional y apertura internacional, sentando bases sólidas para el desarrollo. Tras su mandato, el país perdió dinamismo relativo, con un menor crecimiento promedio y mayores desafíos de polarización y productividad.
Los logros de Lagos: Crecimiento con equidad
Lagos asumió en un contexto complejo, marcado por los efectos de la crisis asiática. Su administración impulsó reformas clave que equilibraron mercado y Estado. Firmó importantes tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, China y otros países, atrayendo inversión extranjera y dinamizando las exportaciones.
Entre sus avances sociales destacan:
- La creación del Plan AUGE (Ley 19.966), que estableció garantías explícitas en salud.
- El programa Chile Solidario para familias en extrema pobreza.
- La extensión de la escolaridad obligatoria a 12 años.
- La primera ley de divorcio.
- El seguro de desempleo.
- La implementación de obras de infraestructura (concesiones viales, expansión del Metro y Transantiago).
En derechos humanos, impulsó la Comisión Valech (Informe sobre Prisión Política y Tortura), que avanzó en reparaciones a víctimas de la dictadura.
Económicamente, su gobierno registró un crecimiento promedio del PIB cercano al 4,3-4,8%, superior al de varios gobiernos posteriores. La pobreza se redujo notablemente (de cerca del 40% en 1990 a niveles cercanos al 20% en sus primeros años). Su aprobación al dejar el cargo alcanzó alrededor del 70%, un nivel histórico.
El declive posterior: pérdida de momentum
Después de 2006, el crecimiento promedio anual del PIB se moderó. Mientras Lagos promedió cerca de 4,5%, gobiernos posteriores registraron cifras inferiores en varios casos (Bachelet II alrededor de 1,7%, y periodos más recientes cercanos al 2% o menos).
Aunque factores externos (fin del superciclo del cobre, pandemia) influyeron, decisiones internas como mayor intervención estatal sin ganancias proporcionales en productividad, reformas tributarias que desincentivaron inversión en algunos periodos, polarización política y el estallido social de 2019 contribuyeron al estancamiento relativo. Chile sigue siendo el país más desarrollado de la región en muchos indicadores, pero la productividad se ha estancado por casi dos décadas y la brecha con economías OCDE no se ha cerrado al ritmo esperado.
¿Qué habría pasado si se hubieran seguido las instrucciones de Lagos?
Lagos dejó una hoja de ruta clara: disciplina fiscal, integración internacional profunda, inversión en capital humano (educación de calidad), mejora de la productividad y equidad gradual sin destruir los motores del crecimiento privado.
Si sus sucesores hubieran mantenido esta continuidad con rigor pragmático:
- Crecimiento más alto y sostenido — Chile podría haber alcanzado antes un PIB per cápita comparable al de países del sur de Europa (Portugal, Grecia) o incluso superior en algunos indicadores. La diversificación económica (litio, renovables, agroindustria, tecnología) habría avanzado más rápido.
- Menor polarización y mayor cohesión social — Reformas en pensiones, salud y educación basadas en evidencia y amplio consenso habrían generado más estabilidad que rupturas ideológicas.
- Avance hacia país desarrollado — Hacia 2025-2030, Chile estaría más cerca de umbrales de desarrollo humano pleno, con mejor infraestructura, sistema educativo competitivo y una democracia más consolidada.
- Mayor resiliencia — Reservas fiscales más fuertes y confianza inversionista habrían permitido enfrentar mejor shocks externos.
La “receta Lagos” (mercado abierto + Estado eficiente y social) se asemeja a modelos exitosos en Asia y Europa.
Conclusión
Ricardo Lagos no fue perfecto, pero representó el punto óptimo de la transición chilena: consolidó la democracia, modernizó el país y demostró que era posible crecer con igualdad. Su mandato marcó el clímax de la exitosa transición post-dictadura. El menor dinamismo posterior evidencia el costo de desviarse de políticas probadas.
Chile necesita recuperar el espíritu laguista: pragmatismo, visión de largo plazo y unidad en lo esencial (crecimiento, instituciones sólidas y equidad razonable). Solo así podrá retomar el camino hacia el desarrollo pleno que Lagos impulsó y que el país merece. Su legado sigue siendo la mejor guía para el futuro.
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